Irene Teixido
Doctora en Ciencia y Tecnología Agraria y Alimentaria por la Universidad de Lleida
La avena (Avena sativa L.) es un cereal ampliamente utilizado tanto en alimentación humana como animal debido a su elevado valor nutricional, destacando su contenido en fibra, grasa insaturada, proteínas y compuestos bioactivos1.
Aunque en las últimas décadas el consumo humano de avena ha experimentado un notable crecimiento, una parte importante de la producción mundial sigue destinándose a alimentación animal, ya sea en forma de grano entero, grano descascarillado o distintos subproductos generados durante su procesado industrial2.
Sin embargo, al igual que otros cereales, la avena es susceptible de contaminarse con hongos del género Fusarium, capaces de producir micotoxinas relevantes para la salud animal y humana3,4.
Entre las más frecuentes destacan:
El deoxinivalenol (DON)
Las toxinas T-2 y HT-2
La zearalenona (ZEN)
Estos compuestos pueden afectar al rendimiento productivo, la salud intestinal, la respuesta inmunitaria y la reproducción de los animales5.
La presencia de estas micotoxinas representa un desafío para la cadena de valor de la avena.
Las estrategias de control comienzan en el campo, pero el procesado puede constituir una herramienta adicional de reducción de la contaminación previa a que el cereal alcance su destino final.
No obstante, el efecto del procesado sobre las micotoxinas es más complejo de lo que cabría pensar y, en muchos casos, las etapas industriales no eliminan las toxinas, sino que las redistribuyen en los diferentes productos obtenidos durante el procesado6.
Principales productos de avena destinados a alimentación animal
Una de las principales formas de utilización de la avena en alimentación animal es el grano entero, especialmente en caballos, rumiantes, cerdos y aves7.
⇒ En estos casos, el animal consume todas las estructuras del grano, incluida la cascarilla externa, que representa aproximadamente el 25-35% del peso total del grano8.
Si el grano es procesado, la primera operación relevante es el descascarillado.
El grano descascarillado suele destinarse preferentemente a consumo humano, aunque también puede utilizarse en formulaciones para alimentación animal2.
La cascarilla, debido a su elevado contenido en fibra, es utilizada para la alimentación de rumiantes y en formulaciones de pienso7.
Otro subproducto importante es el salvado de avena, obtenido durante las operaciones de molienda y tamizado, que presenta interés nutricional tanto para alimentación humana como animal2.
Además, existen varios subproductos procedentes de la molienda, incluyendo fragmentos de cascarilla, partículas de salvado, pequeñas porciones de endospermo, entre otros.
⇒ Esta fracción representa una materia prima ampliamente utilizada en la fabricación de piensos debido a su disponibilidad y coste competitivo7.

Tabla 1. Fracciones de avena y su uso principal.
Recepción, limpieza y clasificación: la primera barrera frente a las micotoxinas
Tras la cosecha, la avena llega a la industria. Se determinan parámetros físicos y la presencia de micotoxinas mediante métodos rápidos de cribado9.
Esta etapa constituye un importante punto de control, ya que permite identificar lotes altamente contaminados y decidir su destino antes de iniciar cualquier operación posterior.
Una vez aceptada la materia prima en la industria, la avena se somete a operaciones de limpieza y clasificación destinadas a eliminar impurezas, restos vegetales, polvo, piedras, semillas extrañas y granos defectuosos.
Aunque el objetivo principal de estas operaciones es mejorar la calidad física del cereal, numerosos estudios han demostrado que también pueden contribuir significativamente a reducir la carga de micotoxinas13-16.
Uno de los factores más estrechamente relacionados con la contaminación por Fusarium es el tamaño del grano.
Los granos pequeños, ligeros o mal desarrollados suelen presentar concentraciones más elevadas de micotoxinas.
Brodal et al.13 demostraron que la eliminación de la fracción de granos pequeños, que representaba el 15-21 % del peso del lote, permite reducir en un 32-56 % las concentraciones de toxinas T-2 y HT-2, además de disminuir hasta un 24 % los niveles de DON y otras micotoxinas emergentes. Meyer et al. obtuvieron resultados similares14.
Los sistemas actuales de clasificación incorporan tecnologías de separación por densidad y clasificadores ópticos capaces de detectar granos dañados o decolorados.
En un estudio de Pettersson et al.15, la combinación de limpieza, clasificación óptica y descascarillado permitió reducir un 80-95 % las concentraciones de toxinas T-2 y HT-2.
La eficacia de estas operaciones también fue confirmada por Hietaniemi et al.16, quienes demostraron que la eliminación de granos ligeros e impurezas mediante sistemas de separación por aire redujo las concentraciones de DON y 3-acetil deoxinivalenol (3-ADON) y las toxinas T-2 y HT-2 hasta aproximadamente un tercio de sus niveles iniciales.
Descascarillado: ¿el paso más eficaz para reducir las micotoxinas?
Los primeros trabajos que evaluaron los efectos del descascarillado ya mostraron resultados muy prometedores.
Alder et al.17 observaron reducciones superiores al 90 % para las toxinas T-2, HT-2 y nivalenol (NIV) tras el descascarillado.
Scudamore et al.18 confirmaron reducciones superiores al 80 % para DON, NIV, T-2 y HT-2.
Pettersson et al.15 describieron reducciones medias de 80-95 % para las toxinas T-2 y HT-2.
Hietaniemi et al.16 demostraron que la mayor parte de las toxinas T-2 y HT-2 se encontraba asociada a la fracción de cascarilla.-
Tras el proceso de clasificación y descascarillado, estas micotoxinas llegaron a ser indetectables en la avena descascarillada, mientras que las concentraciones de DON y 3-ADON se redujeron en un 67-91 %.
Resultados similares fueron obtenidos posteriormente por Ivanova et al.6.-
El descascarillado permitió reducir en 94 % el contenido de DON, un 91 % el de 3-ADON y alrededor de un 95 % el de las toxinas T-2 y HT-2. Además, se observó una reducción del 83 % en DON-3G y del 93 % en T-2-glucósido, demostrando que el proceso puede resultar también eficaz frente a formas modificadas.
Las micotoxinas modificadas tienden a concentrarse en las capas periféricas del grano y en las fracciones eliminadas durante los primeros minutos de pulido (salvado).
⇒ Esto se debe a que el crecimiento de Fusarium se concentra principalmente en la cascarilla y en las capas más externas del grano, mientras que la capacidad del hongo para colonizar el endospermo y el germen parece ser mucho más limitada6.
En consecuencia, una gran proporción de las micotoxinas permanece localizada en estas estructuras externas y es eliminada físicamente durante el descascarillado.
Tittlemier et al.19 confirmaron esta distribución al observar que el 60-100 % de la cantidad de micotoxinas de Fusarium estaba en la cascarilla.
En este estudio, la concentración de DON se redujo un 87 % tras el descascarillado, mientras que HT-2 y 3-ADON se eliminaron totalmente.
Sin embargo, el comportamiento no fue el mismo para las micotoxinas emergentes, como la beauvericina o enniatinas, que mostraron una distribución más homogénea dentro del grano, apareciendo incluso en concentraciones relativamente elevadas en los granos descascarillados.
El descascarillado constituye actualmente la operación individual más eficaz para reducir la contaminación por micotoxinas de Fusarium en avena.
Sin embargo, esta aparente ventaja plantea una cuestión fundamental:
¿Qué ocurre con todas las micotoxinas que desaparecen de la avena descascarillada?
El destino de las micotoxinas: cascarillas, salvado y subproductos de la molienda
Las cascarillas representan el principal reservorio de micotoxinas tras el descascarillado.
Como consecuencia, las concentraciones de DON, T-2, HT-2 y otras micotoxinas suelen ser considerablemente superiores a las observadas en el grano completo o descascarillado.
Diversos estudios han demostrado este fenómeno de concentración.
Pettersson et al.15 observaron que las fracciones de molienda destinadas a alimentación animal podían contener concentraciones de toxinas T-2 y HT-2 entre tres y seis veces superiores a las presentes inicialmente en la avena sin procesar.
Edwards et al.20 indicaron que los subproductos peletizados presentaban concentraciones medias de toxinas T-2 y HT-2 4,4 veces superiores a las detectadas en la materia prima original.-
Estos autores describieron un lote de avena que contenía inicialmente 4.528 μg/kg de toxinas T-2 y HT-2, mientras que el subproducto peletizado generado tras el procesado alcanzó una concentración de 29.700 μg/kg.
Resultados similares fueron descritos por Scudamore et al.18, quienes observaron que las concentraciones de DON, NIV, T-2 y HT-2 eran sistemáticamente superiores en los pellets elaborados a partir de fracciones de procesado que en la avena original o en los productos destinados a consumo humano.-
En algunos casos, las concentraciones superaron los 20.000 μg/kg de HT-2, los 6.000 μg/kg de T-2 y 4.000 μg/kg de DON.
Meyer et al.14 llegaron a conclusiones similares, al observar que la cascarilla contenía concentraciones de T-2 y HT-2 y DON 2,5 veces superiores a las presentes en la avena preprocesada.
El salvado de avena procede de las capas externas del grano y suele estar más contaminado que el endospermo6, como detectaron Vidal et al.21 en muestras comerciales de salvado de avena donde la presencia de DON y ZEN representaba un porcentaje significativo.
Desde una perspectiva de seguridad alimentaria, estos resultados indican que mientras que las fracciones destinadas a alimentación humana experimentan reducciones sustanciales de contaminación, las fracciones destinadas a alimentación animal contienen una parte importante de la carga inicial de micotoxinas.
Tratamiento con vapor y secado ¿podemos reducir las micotoxinas en los granos descascarillados?
Tras las primeras operaciones, los granos descascarillados suelen someterse a tratamientos térmicos destinados a mejorar su estabilidad y calidad tecnológica.
Entre ellos destacan el tratamiento con vapor y el secado con aire caliente, procesos ampliamente utilizados en la industria de la avena.
Dado que estas operaciones implican la aplicación de calor, surge una cuestión lógica:
¿Pueden contribuir a reducir las micotoxinas de Fusarium?
La evidencia científica disponible indica que su efecto es relativamente limitado.
Scudamore et al.18 observó que el impacto adicional del secado sobre las concentraciones de micotoxinas fue relativamente pequeño comparado con el observado durante las etapas previas de limpieza, clasificación y descascarillado para DON, NIV, T-2 y HT-2.
Dropa et al.22 obtuvieron resultados similares, constatando reducciones adicionales tras el tratamiento térmico, aunque menores que las logradas mediante las operaciones mecánicas iniciales.
Las micotoxinas de Fusarium presentan estructuras químicas resistentes a las temperaturas habitualmente empleadas durante el procesado convencional de la avena23.
Tittlemier et al.19 evaluaron el efecto combinado de tratamiento a vapor y secado sobre avena contaminada con micotoxinas de Fusarium.-
Los autores observaron descensos medios del 27 % para DON y del 20 % para DON-3G. Aunque estos resultados indican que la combinación de calor y humedad puede contribuir parcialmente a disminuir determinadas micotoxinas, la magnitud del efecto sigue siendo claramente inferior a la observada durante el descascarillado.
Kuchenbuch et al.24 estudiaron el impacto del vapor a presión y observaron reducciones aproximadas del 17 % para T-2 y del 18 % para HT-2.
Aunque los tratamientos de vapor y secado aportan beneficios tecnológicos esenciales para la estabilidad y calidad de la avena, no deben considerarse estrategias eficaces de mitigación de micotoxinas en granos de avena.
Conclusiones
La cascarilla, el salvado y otros subproductos de molienda concentran una proporción importante de la contaminación inicial de micotoxinas y pueden alcanzar concentraciones varias veces superiores a los presentes en el grano de avena.
Esta situación adquiere especial relevancia en alimentación animal, ya que muchos de estos productos son incorporados habitualmente en la formulación de piensos para diferentes especies animales.
Una estrategia eficaz para mejorar la seguridad de los productos destinados al consumo humano puede acarrear lamentablemente una mayor concentración de micotoxinas en determinadas materias primas empleadas en alimentación animal.
Referencias
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Prevención de micotoxicosis